He alterado el orden de los nombres porque quiero hablar de la novela y de su autor más allá de su oficio literario. Salva merece, al menos en estos días, ya diré por qué, unas líneas de homenaje que dejaré para el final de este artículo. Pero dejadme que os hable primero de su novela.

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La novela

la-muerte-de-naim Salva Redon Santa Coloma de GramenetMarc, un joven empresario autónomo del barrio del Raval de Santa Coloma de Gramenet, se topa en su camino a casa con un muerto de origen magrebí. Naim ha sido asesinado después de recibir una brutal paliza. Marc, que tiene un marcado sentido de la justicia, decide investigar el crimen por su cuenta, quizá de esta manera compensará también el sentimiento de culpa que le embarga a causa de la crisis existencial que atraviesa. Los hechos suceden en la Santa Coloma de mediados de los 90, cuando los emigrantes del sur de la península asentados en la ciudad empiezan a mirar con malos ojos la incipiente emigración extracomunitaria. La investigación de Marc, repleta de acción, conduce al lector por un recorrido urbano y sociológico que va desde los bajos fondos de la prostitución y la droga, hasta despachos de lujo en la calle más cara de la capital catalana, pasando por viviendas humildes y de nuevos ricos en los barrios colomenses. Todo ello perfectamente aderezado por un caleidoscopio de personajes que nos ofrecerán puntos de vista diversos sobre la actuación política, el impacto de las drogas, el abuso de menores, la violencia sexista, la especulación inmobiliaria y la xenofobia.

‘Me gustan el ritmo intenso, las tramas secundarias (la complicada vida sentimental del protagonista, la ambición política de un amigo, el lío de otro amigo con una protagonista secundarias…), lo guiños psicológicos de Marc…’

La muerte de Naim sigue las características de las novelas policiacas o de detectives fijadas por Edgar Allan Poe el año 1841 en el relato Los crímenes de la calle Morgue: Resolución de un caso enigmático; método deductivo, uso de la razón basado en la indagación y la observación; finalmente, el protagonista puede ser un detective, un policía, un periodista, un abogado o un simple aficionado.

Me gustan el ritmo intenso, las tramas secundarias (la complicada vida sentimental del protagonista, la ambición política de un amigo, el lío de otro amigo con una protagonista secundarias…), lo guiños psicológicos de Marc, un hombre tan obstinado tan pertinaz en su lucha por la justicia que incluso pone en peligro su vida. Marc sabe tratar a Márquez, un político en campaña electoral para que le ayude; sabe tocarle la fibra a Ramos, un empresario nuevo rico y prepotente; trata con afecto a Mari, una puta destrozada por la droga. Marc tiene ojo clínico con todos los personajes y sabe sacarles partido, pero en su vida sentimental no se aclara.

Me gustan también las descripciones perfectamente ligadas a los ambientes y a los personajes, así podemos entrar en la casa de un nuevo rico y sus gustos barrocos, en una casa humilde decorada con papel pintado, fotos y enciclopedias, podemos sentir el paternalismo de uno, la prepotencia de otro, o el servilismo ruin y traidor de un lameculos trepador.

Salva Redón posee una habilidad especial para retratar los problemas morales, sociales y colectivos con un elevado nivel de conciencia crítica.

Como dice Vicenç Llorca en el prólogo, en de La muerte de Naim “Hay una voluntad clara de ‘literaturizar’ Santa Coloma de Gramenet en el marco de un contexto histórico determinado por la Barcelona postolímpica y el inicio del fenómeno de la inmigración extracomunitaria… La indagación que inicia el protagonista proporciona a Salva Redón la oportunidad para realizar un retrato de la Santa Coloma de finales del siglo XX. Y, en este friso, centra el objetivo en un punto dentro de la ciudad: el barrio del Raval”, el barrio donde nació y creció el autor. Pero Salva hace algo más que literaturizar su ciudad, la convierte en metáfora porque la novela no es localista. La historia podría suceder en cualquier ciudad del Área Metropolitana de Barcelona o de Madrid, incluso en sus barrios obreros. Por tanto, Santa Coloma de Gramenet se metaforiza en La muerte de Naim, para que el lector de Móstoles o de Cornellà, de Hospitalet o de Getafe, de Viladecans o de Leganés, se pueda sentir perfectamente identificado con el entorno o que cualquier otro lector de otras latitudes lo pueda entender como lo entendemos nosotros.

Salva Redón y Acolite

Salva Redon Canal150 GramenetSalva Redón (Santa Coloma de Gramenet, 1968) ha cultivado diferentes géneros literarios y antes de La muerte de Naim había publicado El rescat de la Diana, 2006 (juvenil), La pistola de Einstein, 2007 (relatos) y Un corazón ignorante solo bombea sangre, 2011 (poesía). Es director de un instituto donde ejerce como profesor de Historia.

Sus inquietudes sociales y su deseo de luchar por la dignidad de los humildes, por un mundo más igualitario y más justo, contra la explotación del hombre por el hombre, le llevaron a militar políticamente e incluso a desempeñar el cargo de concejal por ICV en el ayuntamiento de su ciudad, donde fue responsable de Solidaridad y Cooperación.

Desde muy joven participó en el tejido asociativo colomense, pero yo quiero destacar su compromiso con la Associació Colomenca de Literatura (ACOLITE) desde 1997, pocos meses después de su fundación.

ACOLITE nació en junio de 1996 en una cena en la calle Terrassa, en el barrio del Fondo, en la que participaron Carmen Salas, Margarida Montero, Dora Julián, Joan de la Vega, Eduardo González y yo mismo. Uno de los objetivos que nos planteamos fue atraer a los diferentes grupos de jóvenes motivados por la literatura. Enseguida se integró el grupo Como Agua para Chocolate, al cual pertenecía Jordi Valls, y Hescritores con H, al cual pertenecía Salva Redón. Carmen Salas, del grupo Gargots, al cual también pertenecía Margarida Montero, fue la primera presidenta, pero tuvo que dejarlo cuando se fue a vivir a Barcelona. Tuvimos que buscar un presidente y, tras consensuar la propuesta con la junta directiva, me reuní con Salva en la terraza del Xócala y le propuse la presidencia de Acolite. A partir de aquel momento, se inició una larga y estrecha colaboración entre ambos de la que surgió, a su vez, una profunda y cálida amistad.

Salva y yo hemos ejercido largos años de presidencia compartidos, en cortos períodos, por Carmen Salas, Lídia Guinart e Itmar Conesa.

No voy a relatar ahora los 20 años de vida de una entidad que, habiendo sido referente literario del área metropolitana de Barcelona, tiene ahora sus días contados. Quién sabe si aún existirá cuando estas líneas se publiquen. Quiero destacar, eso sí, la figura de Salva Redón como presidente porque él entendió que la entidad debía jugar un papel ciudadano. Acolite, además de apoyar y promover a los autores colomenses, debía promover y liderar un proyecto cultural de ciudad que, alargando su acción más allá de la obra individual de cada uno de nosotros, contribuyese a construir la identidad de la Santa Coloma del siglo XXI. Por eso creamos la Primavera Literaria, conjuntamente con el entonces Teniente de alcalde de cultura Antoni Fogué. Por eso pusimos en marcha las semanas y salones de literatura infantil y juvenil. Por eso mantuvimos durante años el Premi Bon Profit, de relatos literarios, eróticos y culinarios. Por eso colaboramos hasta su desaparición con los Juegos Florales PASCSA. Por eso creamos la colección de cuadernos literarios l’Inèdit. Salva jugó un papel esencial implicándose a fondo en esos proyectos y consiguiendo que Acolite asumiera un prestigio fuera de duda reconocido con el Premi Ciutat de Santa Coloma.

En el ámbito individual, Acolite organizó presentaciones y lecturas de jóvenes autores inéditos. Presentamos los relatos de Manel Zabala, antes de que publicara Iu sabi un conte y ganara el Premi de la Crítica Serra d’Or; organizamos una lectura dramatizada de los heterónimos de Mateo Rello, antes de que publicara Orilla Sur; publicamos el primer libro de José Luis Cabeza, el Payaso Manchego, La sal de la tierra; y la primera plaquette de Pedro Cano, El estanque de los peces dorados. Y Salva Redón siempre estuvo allí, ayudándoles a caminar.

Pero los hijos de Acolite no entendieron, como Salva, que la entidad tenía una misión más allá de ellos mismos. Los hijos de Acolite crecieron, se independizaron y construyeron sus propios hogares, aunque a veces, algunos de ellos, venían a comer o a cenar a casa de la madre, que compraba los alimentos y cocinaba para ellos con el cariño de todas las madres. Los hijos de Acolite dejaron de aportar sus proyectos a la casa común, que fue empequeñeciéndose, y los proyectos de ciudad fueron desapareciendo o tomando nuevos nombres bajo nuevas siglas. Es perfectamente legítimo y nada ni nadie es eterno, ni debe serlo.

Salva Redón, que es historiador, sabe perfectamente que Acolite, salvo un milagro que lo remedie a última hora, es ya historia, pero una historia que ha escrito páginas bellas en Santa Coloma de Gramenet. Y yo sé, también, que Salva no es historia porque Salva aún la está escribiendo. La muerte de Naim es una muestra de ello.

 

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