Hace unos meses, Salva Montes y yo fuimos a entrevistar a un personaje de Santa Coloma que puso en práctica una de las máximas del periodismo: decir lo más interesante cuando se apaga la cámara. Dijo: “En el periodismo colomense, hay tres nombres de referencia: Salva Montes, Jordi Corachán y Xavi Chica”. Lo inquietante de aquellas palabras no fue que me sorprendieran a mí, sino que sorprendieran también al propio Salva Montes: me halaga que se haya acordado de mí, me dijo.

- Publicitat -
DeliverySC

 

Se puede estar o no de acuerdo con la afirmación. Yo, por ejemplo, lo estoy parcialmente, pues creo que, con sus errores y altibajos, hay otros buenos periodistas en Santa Coloma; o como mínimo los hay que ejercen inteligentemente el negocio del periodismo. Pero no me interesa ese debate, sino ir a uno de los casos particulares: el de Salva Montes.

Yo conocí a Salva personalmente hace menos de un año, cuando fuimos a entrevistar a Adolfo, jugador de F.S. García. Yo sabía que había por Santa Coloma un tipo que iba por ahí grabando cosas cual loco, como si de grabar en Santa Coloma dependiera el futuro de la especie. Pues bien, el antes y el después de la entrevista a Adolfo me fueron suficientes para saber quién era Salva Montes. A mí me cuesta encontrar gente tan o más ilusionada que yo: tal cosa me ocurre, por ejemplo, cuando veo ancianos aglutinados e hiperventilando en los stands de porno del Mercado de San Antonio. Pero aquel día estuve a punto de proponer a Salva ser mi compañero de mesa en la facultad: en lo que llevaba de carrera no había visto a ningún joven periodista con más ilusión que él. No paró de proponerme cosas, de ofrecerse para colaborar en todo lo que yo hiciera. Me estuvo explicando los proyectos en los que trabajaba y había estado trabajando y todas las ideas que tenía en mente. Fue a partir de ahí cuando me empecé a preguntar por qué no había oído hablar de él; o mejor aún, por qué si estaba en mi equipo no habíamos colaborado juntos hasta entonces. La respuesta la he obtenido después de un tiempo: él estaba allí, en Santa Coloma, grabando todo lo que pillaba pero olvidado, su estado natural; olvidado incluso por sus propios compañeros, entre los que estaba alguien tan extremadamente olvidadizo como yo.


«Yo diría que esos vídeos brotan de debajo las piedras, o bien que se hacen solos, como las cuentas en Panamá, si no supiera que es un tal Salva Montes quien los graba»


Santa Coloma lleva un tiempo experimentando algo verdaderamente misterioso. Cada equis tiempo nace, con la espontaneidad de un arco iris, un vídeo aparentemente anónimo que explica algo que ocurre en la ciudad: desde la aparición de un nuevo artista local hasta el desarrollo de una procesión. Yo diría que esos vídeos brotan de debajo las piedras, o bien que se hacen solos, como las cuentas en Panamá, si no supiera que es un tal Salva Montes quien los graba. Son vídeos localísimos, tan obcecados en acercar la realidad colomense a una ciudadanía que a veces parece, y sólo parece, pasar de ella, que por momentos rozan la pedantería promocional de la comunicación institucional, aunque sin llegar a esos límites tan poco periodísticos. Pero hay algo en esos vídeos que ni los de Christopher Nolan igualan: la ilusión de un alguien que nunca se ve y vive, como muchos, con la espina clavada de no haber sido profeta en su tierra. Eso es algo que, supongo, pasará en muchos sitios, pero como yo soy colomense tiendo a colomensizarlo todo: en Santa Coloma se suele reconocer el mérito de alguien excepcional sobradamente probado en la ciudad justo en el momento en que queda probado en otro ámbito, como el estatal. Como si Santa Coloma no fuera muestra suficiente para justificar el éxito.

Un periodista le dijo una vez a Salva Montes: “No sé para qué voy a cubrir el acto si cuando llegue a casa voy a poder ver tu vídeo”. Es ése el desaire honroso del que espera que sigas en el olvido; ese mismo olvido que dejó de sentir una jefa de prensa de un importante partido catalán cuando, después de conocerle como periodista local, supo que Salva también trabajaba en un medio nacional. “Desde ese momento me di cuenta de que me mira con otros ojos”, me dijo Montes.

Pero parece que ese olvido perviva sólo en Santa Coloma; parece como si el colomense Salva Montes sólo fuera minusvalorado por sus vecinos, esos que se lo encuentran comprando el pan mientras él graba cómo lo hacen. Alguna vez, sus compañeros de trabajo le han preguntado en qué gastaba todo ese dineral que ganaba en Canal150 Gramenet, si en cenas opíparas u hoteles de lujo en la playa de Tel Aviv. Tuvieron suerte de preguntar a alguien comedido y no a quien no tuviera reparo en reconocer la voluntariedad de un trabajo en el que, como principal y último mono, no ves nada más allá de la lente de tu cámara.

- Publicitat -
DeliverySC
 
APP CANAL150

DEIXA UNA RESPOSTA

Please enter your comment!
Please enter your name here