La dosis es el veneno. La historia de Irene Sevilla

Una colomense relata cómo se puede caer, y sobre todo, cómo se puede salir

Si de algo podemos estar seguros en esta vida es que no podemos asegurar nunca que algo nos es ajeno.

Pensar que somos inmunes a lo que les sucede a los demás o que nuestra vida será siempre como acostumbra a ser, nos puede abocar a desagradables consecuencias.

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Y ni siquiera estando preparados para ello, sabremos cómo reaccionar a la hora de la verdad.

Decisiones propias y ajenas

La historia de Irene Sevilla es la de una mujer que a raíz de un periodo de estres laboral acaba siendo diagnosticada con una bipolaridad.

A partir de entonces, una serie de decisiones tanto propias como ajenas, la irán llevando a una situación en la que pensará incluso que, con tan solo 39 años, no haya consumido ya lo mejor de su vida dado el nivel de deterioro que llegó a padecer tanto anímico como físico.

“en la comprensión y la aceptación de lo que no entendemos, se encuentra buena parte del camino hacia la solución”

Y sin embargo, su historia es también la de una mujer que sabe reconocer qué le ocurre y que se deja aconsejar, lo que no es poco. Y es una historia, por ende, con visos de un final con bien.

La sobremedicación no es la solución

La dosis es el veneno. Esta frase, que la propia Irene reconoce de Paracelso, es una de las claves de su historia.

La sobremedicación, el exceso de medicamentos y el basar la curación de ciertas enfermedades en los productos de los laboratorios farmacéuticos, antes que en el trabajo de una terapia y el efecto benéfico de alguien que te escuche y te sepa ayudar con palabras antes que con fármacos, la condujo a un callejón –casi sin salida- que le provocó, junto con pérdidas importantes a nivel familiar, una distonía.

Cuando nos pasan las cosas no sabemos cómo vamos a reaccionar, ni de qué manera vamos a conducirnos. Irene Sevilla, como cuenta, se refugió en el alcohol. Una droga de uso común, pero de efectos durísimos cuando la utilizamos como refugio en estados de necesidad.

Se puede salir

Y sin embargo, como decimos, lo que vemos es a una persona que nos enseña que hay otro camino, que hay otras vías, que debemos contar con una persona que nos escuche, que nos atienda, que nos comprenda. Y que debemos hacer un llamamiento hacia la sociedad para que haga un esfuerzo en no estigmatizar, en comprender, en no rechazar lo que se sale de la rutina habitual.

Porque nadie es inmune a nada. En la comprensión y la aceptación de lo que no entendemos, se encuentra buena parte del camino hacia una solución de problemas que nos parecen insolubles.

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